A lo que salga

Siempre que me digo que aparcaré los artículos de opinión política durante un tiempo para dedicarme a escribir mis cosas,  pasa algo que no me deja aparcar. Lo último fue aquel pleno digno de pasar a la historia en el que Casado nos ofreció banderas a media asta, funeral de estado y monumento cuando nos mate el coronavirus. La atrocidad me pareció tan estridente que pensé que el hombre había perdido la cabeza. Tardé horas  en darme cuenta de que  la idea era una más de las paridas por los geniales propagandistas de la derecha para espolear al miedo de modo que siga cabalgando en su corcel negro por las calles desiertas recordándonos a todos la proximidad de la muerte. Una vez acoquinado el personal, la propaganda pasa a identificar al asesino que nos está pisando los talones. No es el coronavirus, pobre bicho que no sabe lo que hace. Es Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. Es Sánchez el que mata, como reza un cartel que corre por Twitter y Facebook y seguramente por otras redes que no sigo. Es Sánchez el sepulturero, que no solo mata, sino que entierra, según dijo una en otro pleno del Congreso. Con un gobierno sociocomunista y alguna cosa horrible más, los españoles solo podemos esperar la muerte y agradecer por adelantado a los hombres de las derechas por ponerse corbatas negras en señal de respeto por los que ya se han ido y por los fiambres en los que nos convertiremos los españoles cuando el gobierno asesino haya acabado con la mayoría y nos haya enterrado.  Cabe preguntar, ¿de dónde piensan sacar votos los de las derechas si todos estamos muertos? Evidentemente, a los infelices que votan a las derechas para desahogar sus frustraciones no se les ocurre hacerse esa pregunta ni ninguna otra que les exija pensar sobre asuntos políticos. Con el cerebro inundado por hormonas tenebrosas, esos infelices no pueden pensar.   Las marionetas no piensan.

Esta vez no ha sido la proximidad de unas elecciones ni de la formación de un gobierno ni un pleno del Congreso convertido en una pelea de gallos por las derechas salvajes lo que ha vuelto a frustrar mis planes de dedicarme a escribir mis libros sin permitir que esas salvajadas me distraigan.  Esta vez ha sido un súbito e inesperado giro de orientación en la propaganda salvaje. Los propagandistas siguen con el rollo de la muerte y del asesino sepulturero para que los infelices no lo olviden, pero como todos necesitamos distracción en estos aburridos días de confinamiento, a alguien se le ocurrió la brillante idea de ponerle a la propaganda un poco de glamour. Para sugerir al universo que no todo está perdido, maquillan a Casado y le meten en un plató sentado ante un escritorio de utilería, flanqueado por banderas, frente a una pantalla con las caras de autoridades, asistentes todos a una reunión telemática de vital importancia para salvar a los supervivientes que puedan quedar en España cuando los asesinos sepultureros se vayan. O sea, que aún queda un hálito de esperanza a los que sobrevivan porque, aunque el plató sea demasiado cutre para parecerse al Situation Room de la Casa Blanca, Pablo  Casado, vestido de presidente, da el pego. Quien quede vivo en la triste España sembrada de sepulturas, no se va a quedar huérfano gracias a ese padre de la patria.  

Santiago Abascal, que ve el montaje corriendo por las redes, suelta un furibundo, “¿Ah sí?, pues te vas a enterar. Quítate tú pa’ ponerme yo”. Y se descuelga con otro vídeo a modo de presidente, sentado sobre su escritorio para hacerse más próximo al populacho mientras suelta un discurso para el populacho, y una foto tras un escritorio, sentado en una butaca, trabajando en profunda concentración. Pero, ay, que le encargan la decoración del plató a un chapucillas que, con la idea en mente de transmitir la imagen de un Caudillo de otros tiempos, pone de atrezo la bandera de España, la imagen de un santo, la de la Virgen y un pote de pimentón, y se olvida de ponerle al escritorio un   ordenador y  un teléfono móvil o fijo. Total, que en vez de dar la imagen de presidente en su despacho, levanta la sospecha de haber alquilado una habitación por horas para hacerse la foto.    

Pero en cuanto a efecto propagandístico, Isabel Díaz Ayuso, con un recurso insuperable, les gana a los dos. ¿Cuál es la revista del corazón más vendida y ojeada en España?, pregunta su propagandista más genial. Pues eso. Díaz Ayuso lleva posando como para el book de una modelo desde que era una candidata sin muchas esperanzas, hasta que los infelices la auparon a presidenta de la capital.  Isabel no tiene que memorizar farragosos textos para soltarlos ante los diputados en el Congreso. En la Asamblea de Madrid hay menos espectadores, y si se equivoca, no importa. No la han elegido para aburrir al personal con asuntos políticos. La han elegido para divertir con sus disparates y para posar distrayendo a las señoras en las peluquerías. Isabel Díaz Ayuso tiene todo lo que se esperaba hace unos años de una mujer, mujer, como decía Aznar: es mona y es tonta. Muy mona y con un modelito muy cool, Isabel plantó ayer a todos los presidentes autonómicos y al presidente del gobierno, reunidos para tratar asuntos muy serios sobre la pandemia; plantó ayer a todos los españoles que estaban pendientes de las decisiones de sus gobernantes porque de ellas depende la vida de miles; plantó ayer al Destino y a la Parca y hubiera plantado al mismísimo Dios en el Juicio Final, para posar al lado de un super avión con un sonrisa infantil que hasta produce ternura. “¿Visteis? Me lo querían quitar los chinos, pero lo traje yo solita, cosa que Sánchez no sabe hacer ni selectivamente ni masivamente”. Se puede dudar de muchas cualidades de Isabel Díaz Ayuso; de lo que no se puede dudar es de su valentía. Durante la sesión de fotos, se sentó en una mesa larga flanqueada a muy corta distancia por dos jóvenes trabajadores, con la careta por collar para que no ocultara la belleza de sus labios. Y mi hijo y yo nos hablamos de lejos para evitar la tragedia de contagiarnos; vaya par de cobardes. Y qué decir de los chicos que aparecen sentados junto a  ella? ¿Sabrían que acababa de salir de la cuarentena y que los tests que la dan por curada tienen un importante margen de error o serán de los que sienten el desprecio por la vida de los jóvenes que se divierten practicando deportes de riesgo? Un misterio, uno de los muchos misterios de esta situación inexplicable, siendo lo más inexplicable la voluntad de pescar votos como sea en un río revuelto de enfermos y cadáveres. A la orilla del río, observa a la Díaz Ayuso otra tan mona como ella, pero mucho más lista. “¿Sabes qué es la centralidad?” le pregunta a Isabel con el insulto en la ironía. Isabel la mira con desprecio. “Cualquiera sabe que el centro está por la Puerta del Sol”, piensa. “Esta tía se cree que soy tonta”. Pero no le responde porque ella es la presidenta y la otra solo tiene diez diputados.

En fin, para describir de un tirón lo que ya han visto miles en las redes, no hace falta mucho esfuerzo. Basta con ser periodista y copiar lo que dicen otros periodistas intentando añadir al refrito una pizca de ingenio. Como yo no soy periodista, apaciguadas las exigencias de mi sentido de la responsabilidad como ciudadana, me voy a poner a escribir algo en serio. Total, los infelices no leen y, si leen, les da igual. Que dieran a las tres derechas incalificables votos suficientes para gobernar en comunidades como Madrid y Andalucía  me dice, entre otras cosas, que no son dignos de mi esfuerzo por parir algo mejor.

Publicado por MARIA MIR-ROCAFORT - WEB

Bloguera. Columnista

2 comentarios sobre “A lo que salga

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