El miedo mata

Se cumplen cien años del estreno de la película alemana El gabinete del doctor Caligari, película de terror que impresiona por el guión, las imágenes, el decorado propio de un museo del expresionismo, pero sobre todo, porque indaga en las aterradoras consecuencias del terror.

La derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial dejó a los alemanes en la miseria y aterrorizados. Tres años después del estreno de la película, un joven Adolf Hitler, al frente del Partido Nazi, inicia, con un golpe de estado fallido, una carrera que le llevará a la Cancillería y de ahí al trono de líder absoluto de Alemania. Le había resultado fácil convencer a los alemanes de que los culpables de la rendición de Alemania habían sido los socialdemócratas, de que los políticos socialistas y marxistas habían traicionado a los alemanes y a sus soldados dándoles una puñalada por la espalda mientras combatían por su país. No hay evidencia alguna de que haya sucedido semejante cosa, pero los alemanes no necesitaron evidencias para creerse cuanto les decía la propaganda nazi.

Los estudiosos del cine han visto siempre en El gabinete del doctor Caligiari una premonición del terror que permitió a Hitler crear y sostener el Tercer Reich, arrastrar a los alemanes a otra guerra mundial y matar a millones de seres humanos.

Hace doce años, la caída de Lehman Brothers causó una depresión que aquí ha pasado a la historia con el nombre de la Crisis. Todos sabemos que fue una crisis mundial, pero a la derecha le resultó fácil convencer a los españoles aterrorizados de que la crisis la desató en España el gobierno socialdemócrata de Zapatero. La mayoría absoluta de los españoles entregaron el gobierno a la derecha para que les salvara de la ruina. El gobierno cortó derechos y libertades y de la ruina solo salvó a su partido y al poder financiero; sus leyes crearon una masa de trabajadores pobres. Aún así, la mayoría de los españoles volvió a votar por ese partido.

Hoy, los tres partidos de derechas gobiernan en autonomías y ayuntamientos gracias a la suma de millones de votos, los votos de aquellos que aún se aferran a las faldas de quienes les prometen librar a España de todo mal. Los líderes de los tres partidos pregonan mentiras que los hechos no tardan en desmentir; difaman a los políticos socialistas sin mesura, con acusaciones tan burdas que no hay mente racional que las acepte. Con esas mentiras y calumnias y con un alboroto constante en el Congreso para callar al gobierno, las tres derechas intentan erosionar las instituciones que sostienen a la democracia. ¿Cómo es posible que, según las encuestas, millones les sigan creyendo?

En la película, el doctor Caligari es un hipnotizador que condiciona a un hombre común y corriente a matar. El argumento plantea una pregunta inquietante; ¿puede la propaganda tener efectos hipnóticos sobre quien carece de medios intelectuales para defenderse? Cuando un político de las derechas dice que el gobierno es ilegítimo, y otra dice que la situación en el País Vasco es dramática y los constitucionalistas tienen que tener cuidado por donde van, y otra dice que estamos peor que cuando ETA mataba, que en La Moncloa se entierra a la izquierda y que hay que enterrar a los muertos, ¿en qué estado mental tienen que encontrarse quienes les creen?

El 26 de febrero de 2020 pasará a la historia por la reunión del Gobierno con los negociadores catalanes después de muchos años de desencuentros y conflictos. ¿Qué negociadores catalanes? Los impuestos por el Govern de Cataluña. Pero es que el Govern de Cataluña es un gobierno independentista que no representa a la mayoría de los catalanes. Los políticos del Govern están donde están por una ley electoral que permite tener una mayoría de diputados aunque no se consiga una mayoría de votos. O sea, que la mayoría de los catalanes queda fuera de la reunión en la que se supone que se decida el futuro de Cataluña. ¿Y no protestan? O sea, que poco a poco los españoles todos van  cayendo en la irracionalidad sin darse cuenta, como un sonámbulo hipnotizado.

Y ahora resulta que nos amenaza una epidemia; una epidemia de un nuevo tipo de gripe que solo resulta mortal para ancianos o enfermos de otras patologías. Resulta que expertos y autoridades dicen que no hay motivo para el pánico y que las mascarillas no sirven para evitar el contagio.  Resulta que la prensa mantiene a todo el país en estado de alerta dando cifras de contagiados como si estuviéramos viviendo una peste negra. Y resulta que en un par de días se agotan las mascarillas en las farmacias y sin mascarillas se quedan enfermos que sí las necesitan demostrando dos cosas: que el miedo no atiende a razones y que el miedo mata.

Si las tres derechas consiguen convencer a la mayoría de los españoles de que el gobierno socialdemócrata quiere destruir a España, nuestro país irá sonámbulo hacia el precipicio donde le esperan los países de hipnotizados que han perdido su libertad, sus derechos, sus valores morales; precipicio en el que las ideas peligrosas como la democracia, el socialismo, la igualdad, habrán desaparecido bajo las botas del totalitarismo.   

Tal vez convendría ver aquella película que expresa los efectos y consecuencias del terror con más intensidad que cualquier otra película contemporánea. Porque en El gabinete del doctor Caligari  no hay efectos especiales ni ruidos ni música ruidosa. Lo que hay puede llevar al espectador a enfrentarse en silencio con su propia mente y descubrir, tal vez,  los efectos devastadores de su cobardía.   

Publicado por MARIA MIR-ROCAFORT - WEB

Bloguera. Columnista

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