¡Fuera de la charca! ¡Adelante!

Un día antes de terminar el año, por la mañana, como todas las mañanas, empecé el día oyendo noticias, entrevistas, tertulias políticas, pobre de mí. Iba por la última tertulia que oigo cada mañana cuando, de pronto, en mi mente sonó una canción que me había obsesionado durante un tiempo hace muchísimos años. Me llamó la atención que la memoria hubiese decidido recuperar precisamente esa canción del fondo de su trastero y que me ofreciera, no solo la música, sino la letra como si me la acabase de aprender. Olvidé a los tertulianos. 

A la música y la letra incorporé mi voz cantando bajito. Recordé por qué esa letra me había obsesionado en aquel entonces y entendí por qué ese otro yo, que vive escondido en nuestra alma y que llamamos subconsciente para entendernos, había decidido volver a ponerme aquel disco en ese preciso momento. Mi mente lleva mucho tiempo girando hasta el mareo cuando pienso en la política y leo artículos políticos y escucho a analistas políticos y a expertos varios hablar de la situación política, opiniones políticas que giran y giran y giran repitiendo, repitiendo, repitiendo los mismos argumentos en un círculo cerrado en el que no entra nunca idea nueva alguna. Concluí que mi memoria, por orden de mi subconsciente, le estaba poniendo música de fondo a la tertulia y a mi mareo.

The windmills of your mind, (Los molinos de tu mente), se llamó la canción en inglés cuando la convirtieron en banda sonora de una película y ganó el oscar. Michel Legrand compuso la música y el que escribió la letra en francés la llamó Les moulins de mon cœur. Fueron sus letristas americanos los que, con más sentido científico, decidieron poner a girar las palabras en la mente dejando el corazón para lo que sirve, que es otra cosa. En mi mente sigue girando hoy esa letra y ni el acuerdo de coalición entre PSOE y Unidas Podemos ha conseguido detener el remolino. Será porque hoy también, como todos los días, he escuchado tertulias en las que, hasta para comentar el nuevo pacto, los opinantes siguieron dando vueltas en torno a los mismos argumentos. Cuesta mucho modificar un hábito.

Empieza la letra de la canción con una palabra que lo resume todo con rotundidad: “Redondo”. “Redondo como un círculo en una espiral/ como una rueda dentro de una rueda/ sin acabar ni empezar/en un carrete que no deja de girar”.

No se puede echar toda la culpa sobre periodistas, analistas y opinantes diversos por no salir del círculo de la repetición. Hace años que la política española empezó a girar “como un carrusel que gira/dibujando círculos en torno a la luna”. Abajo, un hombre, una mujer, levanta la vista hacia la luna de vez en cuando; fija los ojos en la pantalla de un televisor y ve, girando en torno a esa luna, el carrusel de caras rodeadas de cámaras. Es otro mundo, tan distinto a su mundo, con otros habitantes, tan distintos a él mismo o a ella misma y a la gente que conoce, que los asuntos que preocupan a esos habitantes no tienen nada que ver con los suyos.

Por la mente de ese hombre, de esa mujer empiezan a girar facturas de pago urgente, el seguro del coche que está al caer, la tarjeta del Metro que tendrá que sacar mañana, mañana toca hacer compra porque para comprar cada día no hay tiempo y a ver cómo se estira el dinero porque, aunque ya está avanzado el mes, falta una eternidad de días para el día de cobro. El hombre y la mujer siguen mirando a los políticos que aparecen en la pantalla sonriendo o muy serios, pero no les ven porque en su mente giran y giran y giran sus asuntos y los políticos no son divertidos y no distraen, menos mal que después viene un programa con otros personajes también de otro mundo distinto, pero hablan de cosas divertidas que sí distraen, como peleas entre parejas y romances que empiezan o que terminan, los políticos aburren cuando hablan de política y los problemas no dejan de girar y girar en la cabeza, a menos que salgan unos políticos que insultan y dicen disparates, esos sí distraen, pero, para qué aburrirse escuchando a los que hablan de política de verdad, para qué ponerles atención si la atención se va a los problemas y no hay modo de parar la noria mientras “las manillas del reloj van barriendo los minutos” que faltan para que llegue el desastre que uno vive temiendo que destruya, en un instante, la frágil seguridad que sostiene su vida.

Para qué aburrirse escuchando a los [políticos] que hablan de política de verdad, para qué ponerles atención si la atención se va a los problemas y no hay manera de parar la noria…

Un día, llegó el desastre “como una bola de nieve rodando montaña abajo”. Los políticos, buscando el modo de que el desastre no afectara a los de su mundo, encontraron la solución echándoles la bola a los de abajo que, aunque tuvieran muy poco, era un poco multiplicado por millones. Al hombre, a la mujer, le costó más distraerse, ¿cómo pagar el alquiler con el sueldo reducido?, ¿cómo pagar el alquiler con el subsidio de paro?, ¿cómo pagar el alquiler sin trabajo y sin subsidio?, ¿cómo pagar las medicinas y todo los demás con pensiones congeladas o con la subida de un euro mensual? Del mundo de los políticos no llegaban respuestas. El mundo de los políticos giraba “como una manzana, silenciosamente, en el espacio”. El desastre no les afectaba. Habían salvado a los bancos y a algunas empresas. Podían descansar tranquilos.

Mientras tanto, los de abajo circulaban por “un túnel que sigue por otro túnel/ bajando por un agujero a una caverna/ donde el sol no ha brillado jamás”. Desde allí no pueden incordiar a los de arriba. Los de arriba siguen cobrando sus sueldos, siguen confiando en conservar su puesto en su mundo cuando su sueldo de políticos se les acabe, dando vueltas en “puertas giratorias que giran constantemente” mostrando generosidad infinita en el pago de favores. Mientras tanto, los de abajo seguían intentando aliviar su agobio por un rato distrayéndose en los mundos del televisor. Muchos catalanes encontraron diversión en la independencia de Nunca Jamás, mientras otros se divertían dando vivas a España. Los de abajo vivían ensimismados con “los círculos “de una piedra lanzada en un arroyo” y por miedo a romper los círculos y encontrarse con algo peor, seguían alimentando con sus votos a los mismos de arriba porque cuesta mucho romper un hábito que es “como un círculo en una espiral/como una rueda dentro de una rueda/ sin acabar ni empezar/ en un carrete que no deja de girar/ mientras las imágenes se desenrollan/ como los círculos que encuentras/en los molinos de tu mente”.

Este lunes, Pedro Sánchez, presidente del gobierno en funciones y Pablo Iglesias, secretario general de Unidas Podemos, aparecieron en las pantallas anunciando a los españoles un pacto de gobierno que rompe los círculos que parecían eternos y traza una flecha que se dirige en línea recta, rauda, hacia el futuro. Muchos corrimos a la redes para compartir nuestra esperanza. En eso estábamos cuando los defensores de los círculos hicieron un último esfuerzo para devolvernos a la charca calificando el pacto de traición, de infamia. Pero ¿quién va a hacerles caso? Las charcas solo gustan a los sapos que van saltando de círculo en círculo croando siempre la misma canción de los sapos porque no pueden cantar otra cosa. Y como esos sapos, algunos comentaristas ignoraron la flecha y volvieron a recordar y a comentar la frase de Pedro Sánchez sobre su insomnio que los comentaristas hicieron célebre comentándola desde el 11 de noviembre hasta el día de hoy; otros comentaristas se entregaron a confesar su más amargo pesimismo.

La única esperanza de los políticos y comentaristas que quieren que sigamos girando en la miseria -moral la de algunos, económica la de los más vulnerables- es que los catalanes de quienes depende la investidura de Sánchez aborten el pacto en el último momento. Pero no todos los catalanes siguen girando en el círculo de la independencia. Ni la cárcel ha podido con la honestidad y el compromiso social de Oriol Junqueras, ni el dolor con el entusiasmo de un Tardá o de Rufián. Parece que Esquerra Republicana de Cataluña ha logrado saltar del círculo en el que los catalanes llevan años girando sin esperanzas y probar el camino de la flecha, al menos para saber a dónde lleva.

Tras la flecha, millones esperamos el momento en que todos podamos avanzar en línea recta dejando atrás los círculos malolientes en los que pretendían estancarnos los que, con los de abajo estancados, viven mejor. Como la investidura se tuerza, volveremos a votar y esta vez serán muy pocos los que quieran seguir dando vueltas en sus charcas.

Feliz año nuevo a todos los que esperan y a los que no esperan nada, también. Avanzarán aunque sea de remolque porque todos avanzaremos.

Publicado por MARIA MIR-ROCAFORT - WEB

Bloguera. Columnista

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